¿Mariátegui como escudo cultural de la izquierda? Una reflexión necesaria

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Jagalit
Ginebra, 12 junio 2025

Frente Democrático de Peruanos en Europa (FDPE)

El nombre de José Carlos Mariátegui se invoca constantemente en los debates ideológicos del Perú, tanto por académicos como por activistas. Su obra, especialmente Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, es citada como piedra angular del pensamiento socialista e indigenista. Y es justo reconocer su capacidad intelectual y su esfuerzo por formular un pensamiento marxista adaptado al Perú. Pero también es justo cuestionar, hoy, la forma en que su legado ha sido manipulado.

Mariátegui escribió mucho, pero vivió poco. Fue un hombre brillante, pero también físicamente limitado, pues desde joven estuvo confinado a una silla de ruedas. Tal vez por eso conoció más Europa que el propio Perú profundo que pretendía interpretar. Su nieto, el periodista Aldo Mariátegui, ha señalado que nunca llegó a visitar comunidades andinas ni convivir con los pueblos que defendía en su obra. No es una crítica menor: revela el riesgo de construir una ideología sobre representaciones imaginadas más que sobre experiencias vividas.

El problema no es solo histórico, sino vigente. Muchas de las ideas mariateguistas han sido utilizadas por partidos y movimientos de izquierda que no han traído justicia ni desarrollo, sino conflicto, polarización, violencia y estancamiento. Sendero Luminoso, por ejemplo, se consideró heredero del marxismo mariateguista. Más recientemente, gobiernos que se dicen “progresistas” han usado su nombre para justificar el control ideológico de la cultura, la victimización permanente y el rechazo a cualquier visión distinta.

Hoy vemos cómo el arte, la cultura y el quechua han sido apropiados simbólicamente por una izquierda que pretende monopolizar la identidad del pueblo. En el extranjero, donde el peruano suele sentir con mayor fuerza sus raíces, si uno no es de izquierda es cruelmente aislado de los grupos que usan la música andina, el idioma originario y el baile para su proselitismo político y la captación de jóvenes. Bajo el disfraz de la cultura, siembra un discurso ideologizado, muchas veces agresivo, que estigmatiza a quienes no comparten su agenda.

Es una trampa. Y es hora de romperla.

Desde el Frente Democrático de Peruanos en Europa (FDPE) decimos claramente: la cultura no tiene dueño. El Perú no necesita etiquetas ideológicas para reconocerse en su arte, en su música o en su lengua. Lo que necesita es justicia real, soberanía auténtica y un Estado que trabaje para todos, no para los iluminados de siempre, sean de derecha u “izquierda ilustrada”.

Mariátegui escribió en otro tiempo. Pero el Perú de hoy merece ser leído con ojos nuevos. Ya basta de repetir dogmas. Es hora de construir una nueva resistencia, libre de ideologías gastadas y de élites disfrazadas de redentores.