Tianjin, la soberanía civilizatoria y la ausencia de Perú y México

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En este artículo, Jagalit —físico, analista político y bloguero— insiste en la recuperación soberana de México y Perú.

Jagalit
Ginebra, 02 septiembre 2025

Frente Democrático de Peruanos en Europa (FDPE)

En la reciente cumbre de Tianjin, el presidente Xi Jinping fue categórico: la soberanía de los pueblos es intocable. Ninguna potencia extranjera —dijo— tiene derecho a imponer cambios de régimen con pretextos “nobles” como la democracia, los derechos humanos o la lucha contra el narcotráfico. Este mensaje, celebrado por los países del Sur Global, marca una ruptura con el discurso hegemónico occidental.

Lo que allí se planteó conecta con nuestra propia historia latinoamericana. Durante la independencia, Gran Bretaña financió ejércitos, mercenarios y empréstitos que endeudaron a las nuevas repúblicas. Bolívar y San Martín fueron presentados como “libertadores”, pero en realidad actuaron dentro de un guion trazado desde Londres para destruir el poder español y abrir mercados al imperio británico. La independencia no fue soberanía, fue la primera guerra proxy anglosajona en América.

Hoy el patrón se repite. Ayer el pretexto fue la independencia; hoy lo son la democracia y la lucha contra el narcotráfico. Ayer se usaron caudillos locales como Bolívar; hoy se instrumentaliza a líderes como Zelensky o a sectores de la oposición venezolana. El método no ha cambiado: mercenarios de intereses extranjeros contra pueblos soberanos.

Por eso Tianjin importa. Porque allí BRICS y OCS proclaman un principio distinto: la multipolaridad con soberanías intactas. Un mundo donde cada pueblo pueda decidir su camino sin portaaviones extranjeros ni tutelas financieras.

En este escenario resalta una ausencia dolorosa: Perú y México. No se trata de países secundarios, sino de civilizaciones fundadoras de la humanidad.

Mientras Egipto, Etiopía o Irán ya se sientan en la mesa de los BRICS ampliados, Perú y México siguen atrapados en redes de dependencia: México bajo la sombra del T-MEC y Washington; Perú desgarrado por la inestabilidad política y la captura del Estado por élites coloniales.

Si Perú y México se sentaran en Tianjin, no lo harían como invitados más: lo harían como herederos de civilizaciones al nivel de Egipto, India o China, capaces de recordar al mundo que América no nació en 1492. Su ausencia es un vacío histórico que debilita al Sur Global y prolonga la subordinación.

Para quienes vivimos en la diáspora, esta es una lección clara: la soberanía no es un ideal romántico, es un deber histórico. El mundo multipolar no puede construirse sin la voz de los Andes y Mesoamérica.